
Hoy en día es común encontrarse con adultos infantiles, hombres y mujeres que no han logrado cierto grado de independencia, dependen económica o emocionalmente de sus padres, se sienten víctimas de su entorno, no pueden mantener relaciones estables, no se desarrollan profesionalmente, evaden los compromisos, no asumen responsabilidades, no asumen roles de padres de forma adecuada, dependen de otros para resolver sus asuntos o hasta huyen de conflictos.
La vida es una serie de etapas con límites visibles o invisibles, biológicos o simbólicos, conscientes o inconscientes, elegidos o forzados. Cada etapa tiene desafíos y pruebas, conteniendo aspectos fundamentales para nuestro crecimiento y bienestar emocional.
Sin embargo, todo cambio de etapa implica dejar atrás la etapa anterior, y aquí es donde surgen muchos conflictos, ya que la etapa anterior intenta retenernos mediante emociones, apegos, miedos o lealtades.
La inmadurez emocional es un rasgo donde se suelen postergan las etapas del desarrollo personal, muchas veces hasta el infinito. Se valora la juventud eterna, se ve la responsabilidad como una carga y no como una oportunidad de crecimiento, los sentimientos incómodos justifican evitar los compromisos, los cambios de etapas se evitan por las dificultades que pueden significar.


