
Carl Jung decía que todos, en nuestro interior y en nuestra psique, contamos con dos grupos de aspectos, masculinos y femeninos.
Los aspectos femeninos son justamente lo que más han sido machacados, minimizados y silenciados. Fueron estos lo que se menospreciaron a favor de realzar los aspectos masculinos, creyendo que estos tienen más valor que los otros.
A medida que fue pasando el tiempo y se mantenía este desequilibrio, todos lentamente nos hemos ido alejando de esos aspectos femeninos, hemos creído que la importancia en la vida está en desarrollar y darle más reconocimiento a aquellos atributos masculinos: la conquista, la productividad, la competencia, el resultado, la acción, lo material, el orden, la disciplina y la individualidad.
Cuando hacemos esto, relegamos y deterioramos nuestro mundo femenino interior: la confianza, el proceso, la escucha, la receptividad, la empatía, la proximidad, la intuición, la cooperación, la nutrición, la disponibilidad de apoyarse y apoyar a otros y el mundo emocional.
Esto perjudica sobre todo a la mujer por su orientación natural hacia estos aspectos, pero también al hombre, porque en definitiva todos necesitamos y tenemos que desarrollar estos aspectos en nosotros.


