Ayer vi la nueva película de Frankenstein en Netflix, una versión del clásico de Mary Shelley escrita en 1818, que nos sirve de analogía para comprender aspectos de nuestro propio mundo interior.

Una película que no se trata de dos personajes, el hombre y el monstruo, sino de uno solo.

Al igual que muchas otras obras, como El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, esta historia nos muestra a través de dos personajes la dualidad que sucede en nuestro interior, la lucha entre lo que aceptamos de nosotros mismos y lo que rechazamos y pretendemos enterrar.

La historia está dividida en dos partes. La primera nos relata la vida de Víctor Frankenstein desde niño.

Vive con su madre en un gran castillo. Su padre, un reconocido cirujano, que está la mayoría del tiempo fuera, y cuando está presente, impone una autoridad desmedida.

Víctor recibe sus enseñanzas a través de castigos, crueldad y dureza, esperando que él también se convierta en cirujano.

Su madre muere dando a luz a su hermano, significando una gran pérdida para Víctor, ya que era quien representaba la empatía, la diversión y el amor en su vida.

Surge en él un gran resentimiento hacia su padre porque, siendo el cirujano que es, no pudo salvarla en ese momento, jurando que será mejor cirujano que él, lo superará, y que él sí podrá vencer a la muerte.

Esa se convierte, inconscientemente, en su misión: vencer a la muerte, representando simbólicamente la superación de su padre y la salvación de su madre.

En mi libro MEMORIAS INVISIBLES, hablo de este tema y de cómo nosotros, como hijos, intentamos muchas veces seguir un camino trazado por las heridas y los mandatos familiares no resueltos.

Víctor se convierte en un gran cirujano, pero con técnicas bastante criticadas.

A través de sus experimentos logra dar vida a una especie de criatura construida con partes de otros cuerpos.

La segunda parte de la historia nos relata el punto de vista de este ser y la lucha que sucede entre ambos.

Una criatura que apenas comienza a vivir, al igual que cualquier niño, necesita empatía, comprensión y amor, pero no lo recibe de Víctor.

Lo encadena y es cruel con él, y al no estar intelectualmente a la altura de lo que esperaba, lo castiga y maltrata.

Víctor repite un patrón, que es justamente el de su propia historia personal: se convierte en su padre.

Otro tema que también trato en mi libro, profundizando en cómo repetimos historias, un mecanismo inconsciente por el cual buscamos revivir aquellas experiencias ancladas que no pudimos resolver, o que no le dimos una salida adecuada, para por fin integrarlas de forma satisfactoria.

Este monstruo, luego de irse del castillo donde estaba encerrado, conecta con la vida, con los sentimientos, con la empatía, con los vínculos, con la pertenencia, con la necesidad de amor.

Se nos presenta a alguien capaz de ver el mundo con una mirada inocente, de conectar con otras personas, de entablar vínculos, de expresar su mundo emocional.

Esta historia nos trae un tema fundamental dentro de nuestro desarrollo psíquico y emocional, que es la sombra personal.

No se trata de dos personajes diferentes, sino de dos partes del mismo, dos partes a simple vista antagónicas, pero en el fondo complementarias, y que todos poseemos.

La sombra son todos aquellos aspectos propios que rechazamos y muchas veces no tomamos conciencia de ellos, proyectándolo fuera de nosotros, sobre todo en otras personas.

El monstruo para Víctor es una representación de aquellos elementos que más alejados han quedado de él: su mundo emocional, la empatía, la inocencia, la pertenencia, la necesidad de amor.

Cuando no logramos reconocer y darle lugar a las partes más oscuras de nosotros, estas toman más poder.

Integrar nuestra sombra significa integrar aquello que creemos menos adecuados.

Para Víctor es aquello que el padre le llevó a reprimir, fomentando en él el mundo racional, la no necesidad de amor, el rechazo por lo emocional y la falta de empatía.

El monstruo que mora en nosotros, nuestra sombra, tiene que salir a plena luz del día para que pueda ser visto e identificado. Solo entonces puede comenzar realmente el trabajo de integrarlo.

Para Víctor, integrar la sombra, hacer las pases con su monstruo, es soltar el juicio hacia su padre, aceptar lo inevitable de la muerte, aceptar la muerte de su madre y ser todo aquello que dejó de ser por su propósito: desarrollar la empatía, el amor, la inocencia y la conexión emocional.

Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz, sino haciendo consciente la oscuridad.

Carl Jung

¡Regístrate y descargar GRATIS el primer capítulo de mi libro! 🎁

Un libro que nos invita a descubrir las HERENCIAS EMOCIONALES que sin saberlo condicionan y limitan hoy nuestra vida.