
Cargamos el peso de seguir esperando aquello que no tuvimos en nuestra infancia.
Aprobación, apoyo, confianza, escucha, espacio, oportunidad, seguridad, amor, y otras tantas cosas que en cierto momento necesitábamos, pero no estaban o no estaban cómo nosotros las necesitábamos.
Como adultos, la necesidad puede seguir latente, muchas veces durmiendo en nuestro interior, inconsciente a nosotros, oculto en nuestra “forma de ser” pero formando las bases de lo que nos condiciona y nos limita.
Vínculos disfuncionales, miedos, dificultades profesionales, obligaciones o reacciones emocionales en excesos son posibles formas de cómo ese niño interior busca subsanar esas necesidades no cubiertas, muchas veces convertidas con el tiempo en heridas, y sobre todo, buscando que sean cubiertas por otras relaciones.


