
Nuestra vida emocional actual está totalmente vinculada a las experiencias emocionales que hemos vivido en nuestra infancia. Lo que no fue resuelto en esos momentos, insistirá hasta que lo podamos reconocer.
Uno nunca se separa de todo lo que sintió durante la primera etapa de su vida. La sensibilidad emocional que tenemos en esos momentos es tal, que todo lo que sentimos encuentra un lugar donde alojarse en nuestro interior.
Las emociones que logramos gestionar e integrar en nosotros, que le encontramos un sentido, una razón de ser y que le podemos dar une expresión, formarán parte de nuestra inteligencia emocional, de los recursos emocionales que nos permitirán gestionar las dificultades de la vida.
En cambio, las emociones que no logramos gestionar e integrar, que no podemos expresar, que no encuentran una explicación o un sentido, quedarán almacenadas como si fueran nudos emocionales, los que durante el resto de nuestra vida aparecerán una y otra vez a la espera de una correcta gestión e integración.


