
Nuestra vida es una vida de relatos. Más allá de las cosas que nos sucedieron, hay algo que perdura durante más tiempo, y es el sentido que le hemos dado a eso que nos sucedió.
Todos en menor o mayor medida hemos experimentado situaciones dolorosas; violencia, abusos, perdidas, abandonos, falta de reconocimiento, etc. La manera que tenemos de contarnos y usar esas historias de dolor están relacionadas con el sentido que le damos a esas experiencias. Y el sentido es determinante para superar cualquier trauma, dolor o dificultad.
El sentido tiene que ver con la manera que hemos encontrado de ir más allá de ese dolor. No de olvidarlo o hacer de cuenta que no sucedió, sino de superarlo, de transcenderlo, de hacer algo con eso, encontrando dentro de ese dolor aquellos aspectos que nos permitan encontrar un propósito mayor.
Parsifal era un caballero de la mesa redonda del rey Arturo, pero sus inicios son muy diferentes. Hijo de una madre que lo cría en total aislamiento, evitando a toda costa los peligros del mundo, sobre todo lo vinculado a la caballería, ya que su padre era un caballero que había muerto en batalla.
Esta etapa de su vida marcada por el aislamiento, hacen de él una persona ingenua, inocente, quien no ha desarrollado aspectos como la empatía, la compasión, el sacrificio, no pudiendo reconocer las necesidades de los demás ni conectar de forma auténtica con otros.
Hay dos momentos claves en la historia de Parsifal, el primero al marcharse de su hogar abandonando a su madre, lo que genera que ella muera por el dolor de su perdida, y segundo cuando se encuentra con el Rey Pescador, quien por una herida que tenía estaba sufriendo, produciendo también el sufrimiento y desolación en su reino, pero a quien Parsifal podía haber sanado tan solo preguntándole por su herida.


