Decidí escribirte este capítulo especialmente para vos, como una especie de regalo. No quería que sea un capítulo para continuar profundizando sobre los temas del libro, creo que el libro tiene bastante para indagar sobre la temática, así que prometo acá no seguir hablando de madres, padres e hijos. Mi intención es sobre todo acompañarte un poco más en tu propio proceso. La tecnología nos permite seguir en contacto más allá del libro, así que es justamente lo que estoy haciendo.
Te quería pedir especialmente que reserves este QR y este link únicamente para vos, no lo compartas, porque el objetivo es que sea parte de la compra del libro y del proceso en el que quiero acompañarte.
Mi objetivo con el libro fue invitarte a emprender un camino, un camino que no tiene fin. Resulta que no termina con leer los capítulos que te hayan resultado más significativos, tampoco al emocionarte por algo que leíste, ni siquiera al darte cuenta de algo más profundo de tu propia familia o historia, y mucho menos al finalizar lectura completa del libro.
Este camino del que hablo, que estoy seguro de que hace un tiempo decidiste recorrer (por algo estás acá leyendo esto) es más similar a un viaje de aventura. Con todo lo que eso implica. Un viaje por pueblos desconocidos, por paisajes increíbles, por caminos empedrados, por ríos turbulentos, por montañas inmensas. En donde te sentarás debajo de un árbol a respirar y contemplar lo majestuoso de un atardecer, pero también donde te subirás a un tren con destino desconocido sin saber donde vas a terminar.
Seguro que hay algo de tu vida que en este momento te inquieta, te estresa, te da miedo o es motivo de inestabilidad emocional. Puede ser en tu vida personal o profesional, algún tema de salud, puede ser en tu relación pareja (o en la falta de pareja), tal vez con tus hijos, con tu familia o hasta en cosas que a vista de otros no deberían tener importancia, pero que solo vos sabés cuanto te afectan.
A veces se requiere mucha sinceridad personal aceptar que hay algo de eso que nos está afectando. Evitar pensar en eso o hasta hacer de cuenta que no existe puede ser bastante más sencillo, pero siempre llega un momento que tenemos que hacerle frente a eso que nos pasa.
También puede que sea algo que no te resulte conflictivo realmente, si no más bien un lugar al cual te gustaría ir, un deseo profundo que no podés alcanzar. Tal vez tener tu propio emprendimiento, entablar un vínculo de pareja profundo y saludable, tener tu propia casa, resolver ciertos asuntos en una relación, que tu negocio funcione, ser madre o padre, conseguir estabilidad económica, recibirte de tu carrera o hasta dedicarte a algo que te apasiona. Pueden ser tantas cosas que yo no sé cuál de todas será, pero estoy seguro de que vos sí lo sabes, y no porque necesariamente sea algo que te haga reflexionar o en lo que enfoques tus pensamientos, sino sobre todo porque es algo que sentís.
Y ahí está la clave de todo, eso que sentís, ya sea producto de un conflicto actual o de un deseo de ir en cierta dirección que no lográs conseguir, ese sentir es precisamente la puerta de acceso a todo tu mundo interior. No estoy hablando de las palabras que usas para explicarte lo que sentís, para tratar de entenderlo o para justificarlo, sino la sensación, el sentir, eso que sucede en tu cuerpo. Las palabras muchas veces sobran. Tu cuerpo te habla, te dice que ahí, cuando sentís eso que sentís, algo está pasando, algo necesita cambiar, algo nuevo quiere salir a luz, y ahí están las mayores oportunidades de este viaje, de tu viaje.
Tu mundo interior es el mayor de los tesoros de tu vida. Es algo que debes cuidar. Tu cobijo y tu hogar seguro. Y es también tu fuente infinita de recursos. Lo que tu mundo interior alberga es tan rico y poderoso que no lo podés ni imaginar. Los recursos que esconde, aunque no los tengas a la mano en estos momentos, ya sea para solucionar lo que te sucede o para conseguir lo que soñás, están ahí, te aseguro que están. Y es el viaje el que te permite descubrirlos en tu interior, por eso es tan importante emprender el viaje, porque no se tratará del destino al cual supones que el viaje te lleva, sino del recorrido que emprendes. Es el propio viaje el que te permitirá encontrar, cultivar, construir y hacer crecer tu mundo interior.
Pero volvamos al inicio. Este capítulo intenta ser una fuente de guía o inspiración en este proceso, en tu camino. Ya vimos a lo largo de todo el libro muchas explicaciones, situaciones y conductas que nos permiten comprender racionalmente un poco más de por qué nos pasa lo que nos pasa y de qué manera ciertas cosas repercuten en la vida, pero todo eso también nos puede hacer aparecer nuevas preguntas, sobre todo una: ¿y ahora qué?
La manera de integrar realmente el conocimiento y que este te permita cambiar ese aspecto de tu vida que querés cambiar, eso que te afecta o eso que te impide ir en cierta dirección, es convertir ese conocimiento en experiencia, en vivencia, en algo tangible, materializarlo, y eso significa convertirlo en quien eres, en parte de tu personalidad, de tus acciones cotidianas. Es comenzar a actuar y comportarte de una manera diferente, una manera que te permita estar más alineado con esto tan importante que recién mencionábamos, con tu sentir.
Quiero dejarte una serie de pautas o ideas que te ayuden a hacer frente o gestionar de otra manera eso que te sucede. Llevándolo, como decíamos, a la experiencia y a comportamientos. La resolución de los conflictos requiere de varios elementos. Comprender nuestra historia es una parte importante de esto, el libro te brindó seguramente las pistas necesarias para hacerlo. Otra parte de esto es trabajar sobre nuestro presente, y es por eso que te voy a dejar estos puntos de trabajo en cada área.
– Dejar de culpar. Culpar es relativamente sencillo, no requiere mucha energía psíquica. Es un mecanismo bastante rápido también, porque frente a cualquier conflicto rápidamente colocamos la responsabilidad en el otro. Pero mientras sigas culpando al otro de lo que te sucede, de tu situación o de lo que sentís, creyendo que es él quien tiene que cambiar, quien tiene que entender, quien debería de hacer tal o cual cosa o que es responsable de cómo te sentís, por lo que hace o deja de hacer, más se aleja la solución del conflicto de vos mismo. Dejar de culpar al otro siempre es el comienzo, es la oportunidad de soltar el posicionamiento que refuerza el conflicto.
Cómo hacerlo es la gran pregunta acá. Esto requiere en gran medida ser conscientes de nuestros propios procesos internos y eso necesita que te prestes mucha atención a vos mismo. Mirar cómo lo que sentís viene siempre acompañado de pensamientos, explicaciones y justificaciones, y que son todas estas las que te juegan en contra, porque dentro de esa «historia» que te contás sobre lo que sentís el otro puede estar ocupando más responsabilidad que la que debería, al menos, más responsabilidad que la que te conviene a vos para lograr solucionar el conflicto. Cuando estés frente a una situación de estrés, sea cual sea, prestá atención a tus pensamientos, fijate de qué manera estás atribuyendo la responsabilidad al otro, no importa si es justificado o no, no importa si «es como me siento», lo que importa es que detectes de qué manera y en qué medida estás atribuyendo lo que te sucede al otro.
El principal problema acá es que realmente crees que tiene que ver con el otro. Es que no me llama, es que no viene cuando me dijo que iba a venir, es que no me presta atención, es que me trata mal, es que no pasa tiempo en familia, es que deja todo tirado, es que… es que… Puedes que tengas razón en todas esas cosas, pero acá no se trata de tener razón, sino de encontrar otras formas de gestionar lo que te sucede, y el comienzo de eso es soltar todo esto.
– No querer cambiar al otro. El otro es como es y no tenés por qué cambiarlo. Por supuesto que podés plantear tu sentir y explicarle lo que te sucede, hasta poder reclamar algo que queres o necesitas, pero no tenés el derecho de obligarlo a que sea distinto. Es muy egoísta obligar al otro a que sea como vos querés que sea. Si esa persona quiere cambiar porque así lo desea, genial, si no lo quiere hacer, no pasa nada, debemos respetar y aceptar al otro tal cual es, sea como sea su manera de ser. Aceptarlo no es tolerar, son cosas muy diferentes. No tenés que tolerar nada que no quieras tolerar, pero al mismo tiempo, tampoco podés hacer que el otro cambie, entonces entramos en un juego donde lo que te queda es asumir que si querés cambiar esa situación, algo tuyo tiene que cambiar.
– Reconocer tu parte del conflicto. Eso no es sencillo, porque estamos prácticamente programados por los dos puntos anteriores, pero todos, sin excepciones, tenemos una parte en lo que nos sucede. No importa que tan complejo o simple sea, no importa que tanto te afecte emocionalmente, siempre hay una parte tuya, consciente o inconsciente, que te lleva a vivir lo que vivís y a seguir sosteniendo el conflicto vivo. Reconocer esa parte tuya se trata, por un lado, de encontrar qué parte de todo lo que te sucede tiene que ver con vos, con tu historia, con tus experiencias, con tus expectativas, con tus heridas, y por otro lado, qué podrías cambiar vos para que la situación cambie.
– Descubrir qué te tiene atrapado. Esto que te quiero mencionar está relacionado a todas aquellas cosas que quisieras conseguir, pero algún motivo no podés. Es como si la vida complotara contra vos. He conocido bloqueos que van desde no poder vender una casa, la imposibilidad de tener una relación de pareja hasta no poder quedar embarazada. Sea cual sea eso que se te está resultado imposible conseguir, vamos a descubrir algunos puntos que te pueden ayudar.
Para estos bloqueos tenemos que indificar dos vidas, tu vida actual y tu vida deseada. Voy a trabajar sobre un ejemplo para que puedas extrapolarlo a tu dificultad. Para la persona que no consigue pareja, su vida actual es la que conoce: soltero, viviendo solo, trabajando de lunes a viernes, yendo los domingos a almorzar con su familia, juntandonse con amigos cuando tiene tiempo. La vida deseada sería: encontrar una pareja con quien entablar un vínculo auténtico e íntimo, con quien poder pasar tiempo, convivir, hasta en un futuro formar una familia.
El bloqueo se da en el pasaje de la vida actual a la vida deseada, es esa transición la que se ve frustrada, como si algo le impdiera ir en la dirección de lo que desea. Esto por supuesto que es inconsciente, no está dentro de su rango de decisiones o acciones (hasta ahora).
Por lo general, cuando estamos frente a esto, a ese pasaje entre una vida y otra que se ve impedida, es porque algo de la vida actual no nos permite, inconscientemente, pasar a la vida deseada, y lo que tenes que mirar son las posibles consecuencias sobre todo familiares/emocionales, porque que son las que más pesan y más rastros inconscientes tienen. Tal vez dejar de ir a almozar con la familia significaría una traición a una dinámica familiar muy arraigada, tal vez implicaría descuidar a tu madre o padre porque están bastantes solos, tal vez una pareja estable es algo que tus padres nunca lograron y eso implicaría una especie de traición a sus creencias de que los hombres o las mujeres, por ejemplo que son todos unos inservibles.
Mirar sobre qué implicaría alcanzar esa vida deseada, quién se vería perjudicado si lo consigo o quien se vería beneficiado de que siguiera acá donde estoy, es fundamental para descubrir que factores inconscientes y emocionales pueden estar bloqueando ese camino.
Como dijimos antes, se trata de convertir el conocimiento en experiencia. Estos puntos de arriba están todos orientados a que algo cambie en vos, a que hagas algo diferente, y cuando eso suceda, algo en tu entorno y situación va a cambiar, te lo aseguro. El crecimiento y aprendizaje surge del cambio propio que puedas hacer, porque es ahí cuando estás ampliando tu personalidad, integrando nuevos aspectos en quien eres, pudiendo gestinonar la situación de otra manera, generando nuevas reacciones en el resto, provocando nuevas experiencias, saliendo de lo estancado de la situacón.
Claro que yo no conzco tu situación de forma específica para poder acompañarte a encontrar el camino para que puedas salir de esa situación, porque para eso necesitaríamos charlar mano a mano y guiarte en el proceso, espero que estas pautas te sirvan para seguir trabajando en eso que te sucede. El bienestar emocional viene justamente de gestionar nuestros conflictos, de reconocernos, de crear nuevas soluciones, de aprender más de nosotros mismos y de hacer los cambios necesarios para integrar en nosotros aquello que la situación nos invita.
Me gustaría que siguieramos en contacto. Me podes encontrar en mi Instagram para seguir juntos recorriendo este camino que hemos decidido emprender. De mi lado estoy más que agradecido, por supuerto de que leyeras mi libro, pero también de acompañarte en todo este viaje. Quiero dejarte un fuerte abrazo y nos estamos viendo.
Alexis Espósito