
Cuando damos el poder al otro creyendo que con lo que dice o hace puede rompernos, estamos cediendo nuestro bienestar a lo que el otro hace o deja de hacer. Sería como: “Toma, te sedo parte de mi bienestar emocional, cuídalo, hacerte cargo vos de no hacerme daño”.
¿Para qué hacemos eso? Para no hacernos cargo 100% de lo que nos pasa, de lo que nos pasa internamente.
No nos hacemos responsables de que somos nosotros que recibimos un mensaje y actuamos en función de nuestras propias creencias e intereses sobre ese mensaje. Si alguien te dice que no servís para hacer algo: ¿Tu bienestar emocional es responsabilidad del otro? o ¿es tuyo porque te crees en lo que el otro te dice?
Al final vamos por el mundo como víctimas, no queriendo que nadie me diga o me haga algo que me pueda lastimar.
¿En serio somos tan frágil? Yo creo que no, no somos frágiles, sino que es más fácil acreditarle la responsabilidad a otro que realizar cambios nosotros.
Dos personas frente al mismo comentario de “no eres bueno haciendo esto” pueden reaccionar de forma muy distinta: Una tal vez deje de hacerlo y se sienta frustrada, y use de excusa lo dicen. La otra tal vez comience a hacerlo aún más y se sienta motivada a demostrar lo que vale.
¿Entonces por qué culpamos al mensajero?
Si yo recibo un mensaje es porque algo de ese mensaje resuena en mí, sino ni lo percibiría. Escuchamos y vemos infinitas cosas en el día, y nos quedamos con 4 o 5 que nos resuenan ¿por algo será no?


