
Este documental de Netflix, llamado Número Desconocido, narra cómo una adolescente llamada Lauryn y su novio comienzan a recibir mensajes anónimos, inquietantes e inapropiados que con el paso del tiempo se vuelven cada vez más graves.
A medida que avanza la historia podemos ver las repercusiones en su vida y en su entorno. El intento de la familia, el colegio y la policía para resolver y descubrir quién está detrás de los mensajes mientras surgen distintos sospechosos, y más adelante, cuando el caso llega al FBI y finalmente se revela la identidad de quién estaba detrás de los mensajes.
Muchas preguntas surgen cuando se descubre que fue su propia madre, durante 2 años, quien le enviaba hasta 40 mensajes por día.
Aunque los mensajes sean de odio, ataques directos a su apariencia y sexualidad, que busquen terminar su relación de pareja o hasta el extremo de inducirla a quitarse la vida, tenemos que mirar más allá de esto e intentar descubrir qué puede llevar a una madre a comportarse así.
A medida que los hijos crecen, sucede que los padres comiencen a ver aspectos de su propia vida reflejados en ellos. Los cambio que viven, los desafíos que atraviesan, su niñez, su adolescencia, sus conflictos personales, sus relaciones. Todos los conecta a sus propias experiencias en esas mismas etapas.
La madre de Lauryn había sufrido un abuso sexual en su adolescencia y la hija comienza a acercarse a esa edad, esto puede ser el despertar de miedos en su interior y de repetir, en su hija, su propio trauma. Una salida inconsciente para no volver a conectar con su propio dolor es evitando que su hija pase por lo mismo.
Los mensajes que le envía a su hija tienen dos objetivos claros. El primero es interferir la relación de su hija de su novio buscando una separación y el segundo es hacerla sentir mal por su cuerpo y su sexualidad.
Atacar la relación con su novio, puede ser una manera de alejarla “del hombre”, quien simbólicamente puede representar el peligro, pero también evitar que se aleje de la familia, ya que la relación de pareja justamente cumple la función de distanciarnos emocionalmente de nuestra familia de origen. Terminar esa relación significa, por lo tanto, tenerla más cerca, bajo su control y en un lugar de “protección”.


