
La repetición es un mecanismo que busca traer a nuestra vida ciertas experiencias con el fin de poder hacer frente a eso de una manera diferente, porque hacerlo significa ampliar nuestro mundo interior y nuestra personalidad, y como decía Carl Jung, este es el camino hacia nuestra totalidad.
No decidimos voluntariamente repetir situaciones estresantes, sino que es un proceso inconsciente que nos lleva a encontrarnos con algo o con alguien en donde volver a repetir sentimientos que han quedado reprimidos, para de una vez por todas, poder integrarlos.
Integrar la repetición significa descubrir qué puedo aprender de esa situación y qué puedo hacer yo para crecer y enfrentar esa dificultad de otra manera, necesariamente vinculado a responder qué tengo que cambiar y quién necesito ser frente a eso.
El miedo a volver a repetir nos puede llevar a tomar la decisión de no relacionarnos, con el fin de evitar lo que podríamos vivir. Pero privarnos de las relaciones de pareja, que son de los vínculos afectivos más significativos y que más nos enriquecen, es en definitiva una perdida de muchos aspectos relacionados con nuestro propio desarrollo.
La pareja es por excelencia donde proyectamos aquellas partes de nosotros que más reprimimos, y el otro expresa lo que yo no puedo o no me permito expresar.
Toda experiencia emocionalmente estresante tiene una resonancia en nuestra propia historia de vida, personal y familiar. Llevamos a nuestra vida los conflictos, dolores o emociones que no hemos logrado integrar y transcender, algo que en la relación de pareja tiene mucho que ver con la relación que tenían nuestros padres.
La repetición es la posibilidad de elegir expresar un nosotros diferente. La repetición termina cuando nos enfrentemos nuevamente a la situación, la vemos de otra manera y podemos actuar diferente.