
Nuestras actitudes, decisiones y sentimientos no son algo tan propio como creemos. Muchas veces somos y nos comportamos en función de nuestro sistema de origen.
La familia y nuestros antepasados cercanos sientan las bases de partes de nuestra personalidad y de aspectos inconscientes, de quiénes somos y de cómo nos relacionaremos con el mundo que nos rodea.
Malos tratos, violencia, falta de cuidados, abandono, infidelidades, opresión; aspectos que han hecho tanto daño que producen herencias emocionales, y sus consecuencias se ven también en las próximas generaciones.
No es raro que una forma de herencia en un hombre sea “pagar”, en sus relaciones de pareja, las “deudas invisibles” de sus antepasados con las mujeres con las cuales se relaciona. En formato de actitudes, de culpas, de sentimientos repetitivos, de reprimir aspectos de su ser.


