
Esto se puede ver de varias formas. Una madre que no confía en el padre y no le pide ayuda en ciertas cosas. Una madre que está encima de todo lo que hace el padre, corrigiendo cada acción que toma con el hijo. Una madre que no deja que el padre haga ciertas cosas porque “las hace mal”. Una madre que habla mal del padre, remarcando sus faltas, carencias o incompetencias.
Esto a su vez genera una mayor carga emocional en la madre, porque muchas cosas que podría delegar y sentirse ayudada y acompañada, decide resolverlas por ella misma, sintiéndose sola, cargando con responsabilidades extras y dejando de lado cada vez más aspectos de su individualidad y su “ser mujer”.
“Es que hace las cosas mal y no sabe resolver las situaciones de nuestro hijo”. Pero también, no hacerlo, no le da la posibilidad de aprender, involucrarse y desempeñar con mayor responsabilidad su rol de padre.
“Es cuando se queda con él, me dice que no le presta atención”. Tal vez, tu atención está demasiada enfocada en tu hijo y esa situación justamente te está reflejando tu deseo interior de ocuparte un poco más de vos.


