
La mirada del padre es muy diferente a la mirada de la madre, y cada mirada aporta distintos elementos en el desarrollo del hijo. El sexo del hijo también hace diferente el vínculo y los aspectos que se ven estimulados en cada relación: madre-hijo, madre-hija, padre-hijo y padre-hija.
La mirada del padre no es únicamente la forma en que el padre mira a su hija, sino también como se vinculan y de qué manera el padre construye esa relación padre-hija. Algo en donde entra en juego el rol que la madre ocupa en ese vínculo y el propio vínculo del padre con lo femenino.
La mirada del padre es fuente de validación y reconocimiento, es una mirada externa que abre las puertas a un mundo distinto del materno, en el caso de la hija, un mundo donde no buscará confirmar su propia identidad, sino que será usando para formar y consolidar su imagen diferente, su propio lugar como mujer.
La mirada del padre transmite valor y aceptación, fomentando la formación de una autoimagen y autoestima positiva. Cuando el padre reconoce y acepta sus intereses, opiniones y pasiones, alimenta la construcción de la identidad y el valor de su hija.


